Cuando yo decidí estudiar en Sevilla, me alegré de darme cuenta de que iba a tener la oportunidad de ir a Marruecos. Había estudiado el mundo árabe un poco en la universidad, y tenía muchas ganas de ir a un país árabe y experimentar esta forma de vida. Hace una semana, por fin fui a Marruecos con mi grupo de interés. Realmente, fue una experiencia bastante nueva para mí, en una manera que no anticipé. Inmediatamente después de bajar de nuestro autobús en Tetuán, pareció que todo el mundo estaba mirando nosotras. Un hombre hizo una referencia indicando que nosotras fuéramos prostitutas. Empecé a ver que no había muchas mujeres en la calle en general, menos las que estaban solas.  Nuestro guía nos recordó muchas veces que Marruecos es un país muy tolerante, y que los musulmanes, judíos, y cristianos viven allí totalmente pacíficamente. A la primera mirada, no pareció así. Sin embargo, viajamos a un barrio judío, y visitamos una sinagoga allí. No hay duda que la mayoría de la gente era musulmanes, pero también había iglesias cristianas. A través de un día completo en la ciudad, me dé cuenta de que hubiera bastante diversidad dentro de Tetuán. No es decir que un grupo como nosotras—catorce chicas estadounidenses hablando una mezcla de inglés y español—fuera algo normal para la ciudad, pero yo no diría que la ciudad generalmente tenía muchos prejuicios contra nosotras. Para mí, parece que nuestra presencia allí simplemente fuera como una novedad para la gente de la ciudad. Y, al mismo tiempo, me sentí un poquito como un invasor en el país, pero eso no es debido al tratamiento que recibí, sino a mi carencia de capacidad de hablar el idioma. Durante mi viaje, yo aprendí muchísimo, y vi una forma de vida diferente de la mía. Quiero regresar a algún país de esta parte del mundo en el futuro. Espero que pueda hacerlo sabiendo algo del idioma, para que pueda no solamente ver las formas de vida, sino también vivirlas un poquito por mí mismo.

Planificando para un fin de semana viajando por Lisboa, yo pensaba que la lengua no va a ser gran dificultad. Había oído muchas veces que el portugués y el español son muy parecidos, y que los hispanohablantes normalmente pueden entender el portugués. Sabía que yo no hablo el español magníficamente; entonces iba a ser más difícil para mí, pero supuse que, si los portugueses hablaran muy lentamente, yo habría sido capaz de entenderlos más o menos. La lengua consideré como un código, que simplemente tenía que aprender las diferencias claves entre las dos lenguas (muchos “ue” cambian a “o,” muchos “n” cambian en “m,” algunos “s” cambian en “sh,” cosas así). Pero cuando llegue, me dé cuenta de que no podía entender casi nada. Entonces, supuse que debía hablar en inglés, porque he oído que hay un poco de rivalidad entre España y Portugal, y que la mayoría de los portugueses saben hablar español casi perfectamente. Entonces, traté de hablar en inglés pero me encontré respondiendo naturalmente al portugués en español en vez de inglés. No puedo explicarlo, pero ahora en cualquier momento en que oigo una lengua romántica, para mí es casi natural responder en español, aunque no tenga sentido. Como resultado, cuando mi amiga y yo estábamos en un restaurante portugués, las personas que trabajaban en el restaurante se frustraron con nosotras, no porque no sabíamos hablar el portugués, sino porque no podíamos elegir entre el inglés y el español. En el fin, la mayoría de las personas que encontramos entendimos nuestra situación más o menos bien, y pasamos el segundo día con una chica brasileña que podía traducir entre el inglés y el portugués para nosotras. Todavía, fue muy una transición interesante ver primero mi capacidad de vivir en un país de mi segunda lengua (español), que me pareció bastante difícil, y entonces ver la gran diferencia cuando estoy en un país donde no sé nada de la lengua.

Los estudiantes del Instituto Ramón Carande vienen del barrio de las Tres Mil Viviendas en Sevilla, uno de los barrios más desaventajados de Andalucía. Hablaron con nosotras sobre sus vidas y futuros.

“América entera, Alemania, África, pues, realmente todo el mundo me interesa.”

Sentados en un círculo íntimo,Enrique,Patricia, y David optimistamente vocalizan su acuerdo con las esperanzas de Mercedes para los viajes. Hablando rápidamente y sentada recta, Patricia cuenta sus planes para enseñar el inglés en Latinoamérica. Hay consenso, mientras los cuatro hablan a la vez, que viajar por el mundo es una necesidad.

Naturalmente, la conversación gira al tema de donde han estado los estudiantes en el pasado. Con el ayuda de David, Mercedes es capaz de nombrar algunas playas en el norte de España. Otras ciudades son mencionadas, hasta que David interpone, “Nunca he estado fuera de Andalucía.”

Estos son los estudiantes del Instituto Ramón Carande, un instituto secundario situado al lado del barrio Polígono Sur, más comúnmente llamado las Tres Mil Viviendas. Según el artículo de Marcos Herrera de ABC llamado “Marginación y delincuencia colocan al Polígono Sur en situación límite,” esta zona se convirtió en barrio en los años sesenta, cuando empezó construcción para los chabolistas de las regiones alrededor de lo que actualmente es las Tres Mil Viviendas. Hoy en día, tiene una densidad de población que es más alta que todos otros barrios del distrito y un crecimiento vegetativo exponencialmente más grande que otras zonas parecidas en Sevilla. En parte como resultado, hay una tasa de desempleo de más de cuarenta por ciento, y el número es aún más alto entre la población joven. Treinta y ocho por ciento de los analfabetos del distrito viven en las Tres Mil Viviendas, y solo aproximadamente cinco por ciento han recibido una licenciatura de universidad.

De esta zona vienen los estudiantes del Instituto Ramón Carande. Llegando a la escuela, imágenes de unidad y aceptación se yuxtaponen con un cercado siempre cerrado con llave afuera, alarmas de seguridad adentro, y ventanas rotas al lado del hueco de escalera. Dentro de los aulas, no hay aire acondicionado, así que haya un poco de calor en el octubre sevillano. Como dice la consejera académica Encarnación Quiroga en una entrevista del 10 de octubre de 2011, la población del instituto consiste en 545 estudiantes, de quienes más de veinte por ciento son de minorías étnicas, especialmente los gitanos. Muchos de los padres de los estudiantes trabajan en el sector de servicios y no tienen un nivel alto de educación por sí mismos, como indicado en el artículo “Contexto sociocultural y perfil del alumnado escolarizado en el IES Ramón Carande,” por Julia Casanovas, subdirectora del IES Ramón Carande en 2010. La escuela ofrece distintos ciclos de formación, incluyendo los cuatro ciclos de Bachilleratos y un Ciclo Formativo de Grado Superior, por lo que estudiantes pueden preparar de trabajar en oficios que no requieren estudios de la universidad. Por el medio, aproximadamente 35 por ciento de los alumnos continúan sus estudios hasta la universidad, dijo Quiroga.

Entrando en una clase, los estudiantes son sentados de manera relajada, pero nos ven con ojos interesados. Sin miedo, Mercedes es la primera de hablar. Una chica de quince años, ya está segura de que quiere ser periodista. Además de la atracción a las oportunidades de viajar por todo el mundo, percibe una importancia en “informar a las personas de hechos importantes.” Para obtener la licenciatura de ser periodista, necesita pasar al menos cuatro años en la universidad.

David, también, sabe lo que quiere hacer. “Diseñador gráfico,” declara él, sentado casualmente encima del escritorio. “Pero no he tenido la oportunidad de trabajar con programas de ordenador…. No tenemos estos tipos de software en el instituto.” Para hacer este trabajo, David también necesita ir a la universidad, aunque este prospecto no le interesa mucho. “Es bastante tiempo tomando clases, pero creo que va a merecer la pena.”

Rompiendo su silencio en este tema, Enrique entra en la conversación simpatizando con esta queja. “Cuando era más pequeño, quería ser veterinario. Pero requiere ocho años o más en la universidad. Es mucho.” Pero de este momento no tiene plan alternativo. Le interesa mucho la música, y aún está en una banda ahora. Toma la clase de música del instituto, pero no hay muchos instrumentos, y los que están no son de buena calidad.

Ésta es una queja compartida de otras clases también. Aunque realmente les importan las clases, es difícil hacer esfuerzos cuando no hay recursos suficientes y profesores interesantes. “En el pasado,” dijo Enrique, “yo me metía en líos muchas veces. Estaba tirando sillas y todo eso, pero ahora me he dado cuenta de que eso no logra nada. Pero todavía no quiero sentarme por una hora completa en una clase con una profesora a quien no le importa lo que está mostrándonos o si entendemos. Es aburridísimo.”

Mientras terminan las conversaciones, dos alumnos oyen que hay alguien que no le gusta el flamenco. Dejados estupefactos, se levantan, se sientan encima de la mesa al frente del aula y empiezan a cantar en el estilo flamenco. El cantador insiste, “Es que tienes que escuchar flamenco verdadero.” Al fin y al cabo, esto es Sevilla.

 

 

They don’t always dress the part. Honestly, not a lot of people would talk to them if they did. But there is no doubt that our world is full of genuine superheroes. From the people who have made a profound influence on their individual friends and family, to those who have effected change throughout the planet, the real-world superheroes that surround us have given us all the opportunity to see the beauty that exists in our world, even in the darkest of situations.

Si hay una cosa que he aprendido sobre la imagen de los Estados Unidos aquí en Sevilla, es que Nueva York domina sobre todo. Muchas personas me han preguntado si vivo en Nueva York cuando se dan cuenta de que soy de los Estados Unidos. En realidad, nunca he conocido Nueva York en toda mi vida. De hecho, Sevilla puede ser más parecido a Nueva York que los Estados Unidos que yo conozco. Soy de una granja, en el medio del país, y las ciudades grandes como Nueva York normalmente hacen que me siento un poco incómoda. Sin embargo, es sorprendiente y muy interesante ver esta fascinación con la visión de Nueva York, como una ciudad casi mágica (y por supuesto, sin los grandes problemas que tiene la ciudad). Al inicio, estaba pensando que es una idea rídicula, que un país tan grande como los Estados Unidos puede ser percibido por el lente de una ciudad. Pero, ahora veo que es igual en todas partes. En los Estados Unidos, tenemos imagenes de Madrid o Barcelona para imaginar la cultura de España, pero, de aquí, puedo decir con seguridad que Sevilla es algo muy distinto de estas ciudades. Últimamente, parece que la única manera de comprender la cultura de un lugar es vivir allí. Es una lección que me da mucho gusto aprender aquí.

“Conozco muy bien el mundo de fútbol, pues juego con los niños al fútbol. Y tengo una manera de trabajar muy intensa, y eso es lo que me hace, lo que da sentido a mi vida y al trabajo que yo hago.

En una sola frase, mi proyecto, mi vida, es un proyecto de Dios. Yo soy católico practicante, pero no soy de una familia tradicional. Yo soy una persona hecha a sí misma, pero creo que conocer a mis padres da un poco de reflejo mío. El padre de mi padre, mi abuelo, era borracho por circunstancia. Mi padre tuvo que ser el cabeza de familia porque era el mayor de cuatro hermanos. Mi madre descubrió que tenía tumor de cerebro cuando ella y mi padre eran novios. Y, por eso, los hermanos de mi padre le presionaban para que no casara. Pero mi papá lo tuvo claro desde el primer momento que él quería a esta persona y quería tener un proyecto de vida con esta persona. Y se casó.

Cuando yo tenía dieciocho meses, operaron a mi mamá con un 99,9 por ciento de posibilidades de no salir bien. Pero, bueno, salió todo bien, y empezó una historia entre un hombre y una mujer. No obstante, el tumor le cogió la cabeza, y le afectó a toda la parte izquierda del cuerpo de mi mamá, así que sólo tenía una mano. De ella, aprendí que todo el mundo es bueno. Como todo el mundo, tengo prejuicios, pero quizás yo tengo menos porque he trabajado mucho con eso. Así, mi mamá ha sido una persona muy importante en mi vida.

Cuando tenía veintiún años, si más o menos, fui al seminario de teología, acompañando un amigo. Para mí, la palabra de Dios, de la Biblia, fue un descubrimiento muy fuerte. Cuando salí del seminario, me fui a Granada con la intención de dar clases de religión allí para que pudiera estar más cerca de la mujer que actualmente es la madre de mis hijos. Pero el cura con quién quería enseñar religión quería otra cosa. La idea que tenía era que yo fuera casa por casa evangelizando, y yo le dije que no. Yo no hablo nunca de la religión porque creo que no hay que contar la religión, hay que vivirla. Ya que el mundo de fútbol había sido muy importante para mí en mi vida, empecé a ejercitarme jugando al fútbol con los niños y, casualmente, fui descubriendo mi vocación por los marginados, mi vocación por los niños, y la vocación de mi vida.

Yo lo tuve que hacer y lo sigo haciendo por necesidad. Necesito formarme; necesito aprender para dar un mejor servicio. Yo el año pasado tenía seis escuelas, en total unos 300 y pico de niños en sitios muy marginales. Yo creo que realmente la educación es lo que puede transformar la realidad de las personas, porque, independientemente de que sea creyente o no sea creyente, todo el mundo está de acuerdo en el mismo punto: el valor de la educación. En mi vocación, lo mas importante para los niños es que lo hago de una forma distendida. En la calle el niño está en su ambiente, en lo que más conoce. Allí, puedo crear un reflejo de la sociedad, donde hay reglas, con reglas en el campo de fútbol, e intento transmitir los valores humanos, como la libertad, la responsabilidad, la honradez, la alegría, estas cosas. Hay veces que la gente me confunde,  y piensan que lo que yo hago es distraer a los niños. Yo no distraigo a los niños; yo educo a los niños.

Aunque yo puedo ser afectado por los factores externos—puedo sentir miedo, puedo sentir vergüenza, puedo sentir muchas cosas—siempre he intentado desviar la mirada ante las cosas negativas. La mirada, en un momento, puede ser o positiva o negativa. O te inclinas por aquí, o te inclinas por allí, pero no hay término medio porque más temprano tienes que inclinarte. Cuando aprendes que tu mirada puede ser positiva, ¿qué ocurre? Todo entonces se transforma en positivo. La vida es así.”