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Archivos Mensuales: noviembre 2011

Saliendo de Bolivia como joven, Raúl ha viajado por cinco continentes vendiendo sus joyas hechas de mano.
     “¿Conoces el mundo de piedras?” pregunta Raúl, levantando un anillo de ópal para demostrarlo. “Todos son de Perú, Brasil y Bolivia. Los traigo conmigo.”
Salió de Bolivia hace 13 años para viajar por el mundo. Ha cruzado por países como Senegal, Irlanda, México, Indonesia y Brasil, entre otros.
No tiene un país favorito.
“Todos los países tiene su propio encanto,” dice él, pero nota la belleza de la naturaleza de la costa braslieña.
Ha estado en Sevilla por unos meses y va en enero a México.

Cuando yo decidí estudiar en Sevilla, me alegré de darme cuenta de que iba a tener la oportunidad de ir a Marruecos. Había estudiado el mundo árabe un poco en la universidad, y tenía muchas ganas de ir a un país árabe y experimentar esta forma de vida. Hace una semana, por fin fui a Marruecos con mi grupo de interés. Realmente, fue una experiencia bastante nueva para mí, en una manera que no anticipé. Inmediatamente después de bajar de nuestro autobús en Tetuán, pareció que todo el mundo estaba mirando nosotras. Un hombre hizo una referencia indicando que nosotras fuéramos prostitutas. Empecé a ver que no había muchas mujeres en la calle en general, menos las que estaban solas.  Nuestro guía nos recordó muchas veces que Marruecos es un país muy tolerante, y que los musulmanes, judíos, y cristianos viven allí totalmente pacíficamente. A la primera mirada, no pareció así. Sin embargo, viajamos a un barrio judío, y visitamos una sinagoga allí. No hay duda que la mayoría de la gente era musulmanes, pero también había iglesias cristianas. A través de un día completo en la ciudad, me dé cuenta de que hubiera bastante diversidad dentro de Tetuán. No es decir que un grupo como nosotras—catorce chicas estadounidenses hablando una mezcla de inglés y español—fuera algo normal para la ciudad, pero yo no diría que la ciudad generalmente tenía muchos prejuicios contra nosotras. Para mí, parece que nuestra presencia allí simplemente fuera como una novedad para la gente de la ciudad. Y, al mismo tiempo, me sentí un poquito como un invasor en el país, pero eso no es debido al tratamiento que recibí, sino a mi carencia de capacidad de hablar el idioma. Durante mi viaje, yo aprendí muchísimo, y vi una forma de vida diferente de la mía. Quiero regresar a algún país de esta parte del mundo en el futuro. Espero que pueda hacerlo sabiendo algo del idioma, para que pueda no solamente ver las formas de vida, sino también vivirlas un poquito por mí mismo.

Planificando para un fin de semana viajando por Lisboa, yo pensaba que la lengua no va a ser gran dificultad. Había oído muchas veces que el portugués y el español son muy parecidos, y que los hispanohablantes normalmente pueden entender el portugués. Sabía que yo no hablo el español magníficamente; entonces iba a ser más difícil para mí, pero supuse que, si los portugueses hablaran muy lentamente, yo habría sido capaz de entenderlos más o menos. La lengua consideré como un código, que simplemente tenía que aprender las diferencias claves entre las dos lenguas (muchos “ue” cambian a “o,” muchos “n” cambian en “m,” algunos “s” cambian en “sh,” cosas así). Pero cuando llegue, me dé cuenta de que no podía entender casi nada. Entonces, supuse que debía hablar en inglés, porque he oído que hay un poco de rivalidad entre España y Portugal, y que la mayoría de los portugueses saben hablar español casi perfectamente. Entonces, traté de hablar en inglés pero me encontré respondiendo naturalmente al portugués en español en vez de inglés. No puedo explicarlo, pero ahora en cualquier momento en que oigo una lengua romántica, para mí es casi natural responder en español, aunque no tenga sentido. Como resultado, cuando mi amiga y yo estábamos en un restaurante portugués, las personas que trabajaban en el restaurante se frustraron con nosotras, no porque no sabíamos hablar el portugués, sino porque no podíamos elegir entre el inglés y el español. En el fin, la mayoría de las personas que encontramos entendimos nuestra situación más o menos bien, y pasamos el segundo día con una chica brasileña que podía traducir entre el inglés y el portugués para nosotras. Todavía, fue muy una transición interesante ver primero mi capacidad de vivir en un país de mi segunda lengua (español), que me pareció bastante difícil, y entonces ver la gran diferencia cuando estoy en un país donde no sé nada de la lengua.