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Archivos Mensuales: octubre 2011

Los estudiantes del Instituto Ramón Carande vienen del barrio de las Tres Mil Viviendas en Sevilla, uno de los barrios más desaventajados de Andalucía. Hablaron con nosotras sobre sus vidas y futuros.

“América entera, Alemania, África, pues, realmente todo el mundo me interesa.”

Sentados en un círculo íntimo,Enrique,Patricia, y David optimistamente vocalizan su acuerdo con las esperanzas de Mercedes para los viajes. Hablando rápidamente y sentada recta, Patricia cuenta sus planes para enseñar el inglés en Latinoamérica. Hay consenso, mientras los cuatro hablan a la vez, que viajar por el mundo es una necesidad.

Naturalmente, la conversación gira al tema de donde han estado los estudiantes en el pasado. Con el ayuda de David, Mercedes es capaz de nombrar algunas playas en el norte de España. Otras ciudades son mencionadas, hasta que David interpone, “Nunca he estado fuera de Andalucía.”

Estos son los estudiantes del Instituto Ramón Carande, un instituto secundario situado al lado del barrio Polígono Sur, más comúnmente llamado las Tres Mil Viviendas. Según el artículo de Marcos Herrera de ABC llamado “Marginación y delincuencia colocan al Polígono Sur en situación límite,” esta zona se convirtió en barrio en los años sesenta, cuando empezó construcción para los chabolistas de las regiones alrededor de lo que actualmente es las Tres Mil Viviendas. Hoy en día, tiene una densidad de población que es más alta que todos otros barrios del distrito y un crecimiento vegetativo exponencialmente más grande que otras zonas parecidas en Sevilla. En parte como resultado, hay una tasa de desempleo de más de cuarenta por ciento, y el número es aún más alto entre la población joven. Treinta y ocho por ciento de los analfabetos del distrito viven en las Tres Mil Viviendas, y solo aproximadamente cinco por ciento han recibido una licenciatura de universidad.

De esta zona vienen los estudiantes del Instituto Ramón Carande. Llegando a la escuela, imágenes de unidad y aceptación se yuxtaponen con un cercado siempre cerrado con llave afuera, alarmas de seguridad adentro, y ventanas rotas al lado del hueco de escalera. Dentro de los aulas, no hay aire acondicionado, así que haya un poco de calor en el octubre sevillano. Como dice la consejera académica Encarnación Quiroga en una entrevista del 10 de octubre de 2011, la población del instituto consiste en 545 estudiantes, de quienes más de veinte por ciento son de minorías étnicas, especialmente los gitanos. Muchos de los padres de los estudiantes trabajan en el sector de servicios y no tienen un nivel alto de educación por sí mismos, como indicado en el artículo “Contexto sociocultural y perfil del alumnado escolarizado en el IES Ramón Carande,” por Julia Casanovas, subdirectora del IES Ramón Carande en 2010. La escuela ofrece distintos ciclos de formación, incluyendo los cuatro ciclos de Bachilleratos y un Ciclo Formativo de Grado Superior, por lo que estudiantes pueden preparar de trabajar en oficios que no requieren estudios de la universidad. Por el medio, aproximadamente 35 por ciento de los alumnos continúan sus estudios hasta la universidad, dijo Quiroga.

Entrando en una clase, los estudiantes son sentados de manera relajada, pero nos ven con ojos interesados. Sin miedo, Mercedes es la primera de hablar. Una chica de quince años, ya está segura de que quiere ser periodista. Además de la atracción a las oportunidades de viajar por todo el mundo, percibe una importancia en “informar a las personas de hechos importantes.” Para obtener la licenciatura de ser periodista, necesita pasar al menos cuatro años en la universidad.

David, también, sabe lo que quiere hacer. “Diseñador gráfico,” declara él, sentado casualmente encima del escritorio. “Pero no he tenido la oportunidad de trabajar con programas de ordenador…. No tenemos estos tipos de software en el instituto.” Para hacer este trabajo, David también necesita ir a la universidad, aunque este prospecto no le interesa mucho. “Es bastante tiempo tomando clases, pero creo que va a merecer la pena.”

Rompiendo su silencio en este tema, Enrique entra en la conversación simpatizando con esta queja. “Cuando era más pequeño, quería ser veterinario. Pero requiere ocho años o más en la universidad. Es mucho.” Pero de este momento no tiene plan alternativo. Le interesa mucho la música, y aún está en una banda ahora. Toma la clase de música del instituto, pero no hay muchos instrumentos, y los que están no son de buena calidad.

Ésta es una queja compartida de otras clases también. Aunque realmente les importan las clases, es difícil hacer esfuerzos cuando no hay recursos suficientes y profesores interesantes. “En el pasado,” dijo Enrique, “yo me metía en líos muchas veces. Estaba tirando sillas y todo eso, pero ahora me he dado cuenta de que eso no logra nada. Pero todavía no quiero sentarme por una hora completa en una clase con una profesora a quien no le importa lo que está mostrándonos o si entendemos. Es aburridísimo.”

Mientras terminan las conversaciones, dos alumnos oyen que hay alguien que no le gusta el flamenco. Dejados estupefactos, se levantan, se sientan encima de la mesa al frente del aula y empiezan a cantar en el estilo flamenco. El cantador insiste, “Es que tienes que escuchar flamenco verdadero.” Al fin y al cabo, esto es Sevilla.

 

 

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They don’t always dress the part. Honestly, not a lot of people would talk to them if they did. But there is no doubt that our world is full of genuine superheroes. From the people who have made a profound influence on their individual friends and family, to those who have effected change throughout the planet, the real-world superheroes that surround us have given us all the opportunity to see the beauty that exists in our world, even in the darkest of situations.

Si hay una cosa que he aprendido sobre la imagen de los Estados Unidos aquí en Sevilla, es que Nueva York domina sobre todo. Muchas personas me han preguntado si vivo en Nueva York cuando se dan cuenta de que soy de los Estados Unidos. En realidad, nunca he conocido Nueva York en toda mi vida. De hecho, Sevilla puede ser más parecido a Nueva York que los Estados Unidos que yo conozco. Soy de una granja, en el medio del país, y las ciudades grandes como Nueva York normalmente hacen que me siento un poco incómoda. Sin embargo, es sorprendiente y muy interesante ver esta fascinación con la visión de Nueva York, como una ciudad casi mágica (y por supuesto, sin los grandes problemas que tiene la ciudad). Al inicio, estaba pensando que es una idea rídicula, que un país tan grande como los Estados Unidos puede ser percibido por el lente de una ciudad. Pero, ahora veo que es igual en todas partes. En los Estados Unidos, tenemos imagenes de Madrid o Barcelona para imaginar la cultura de España, pero, de aquí, puedo decir con seguridad que Sevilla es algo muy distinto de estas ciudades. Últimamente, parece que la única manera de comprender la cultura de un lugar es vivir allí. Es una lección que me da mucho gusto aprender aquí.

“Conozco muy bien el mundo de fútbol, pues juego con los niños al fútbol. Y tengo una manera de trabajar muy intensa, y eso es lo que me hace, lo que da sentido a mi vida y al trabajo que yo hago.

En una sola frase, mi proyecto, mi vida, es un proyecto de Dios. Yo soy católico practicante, pero no soy de una familia tradicional. Yo soy una persona hecha a sí misma, pero creo que conocer a mis padres da un poco de reflejo mío. El padre de mi padre, mi abuelo, era borracho por circunstancia. Mi padre tuvo que ser el cabeza de familia porque era el mayor de cuatro hermanos. Mi madre descubrió que tenía tumor de cerebro cuando ella y mi padre eran novios. Y, por eso, los hermanos de mi padre le presionaban para que no casara. Pero mi papá lo tuvo claro desde el primer momento que él quería a esta persona y quería tener un proyecto de vida con esta persona. Y se casó.

Cuando yo tenía dieciocho meses, operaron a mi mamá con un 99,9 por ciento de posibilidades de no salir bien. Pero, bueno, salió todo bien, y empezó una historia entre un hombre y una mujer. No obstante, el tumor le cogió la cabeza, y le afectó a toda la parte izquierda del cuerpo de mi mamá, así que sólo tenía una mano. De ella, aprendí que todo el mundo es bueno. Como todo el mundo, tengo prejuicios, pero quizás yo tengo menos porque he trabajado mucho con eso. Así, mi mamá ha sido una persona muy importante en mi vida.

Cuando tenía veintiún años, si más o menos, fui al seminario de teología, acompañando un amigo. Para mí, la palabra de Dios, de la Biblia, fue un descubrimiento muy fuerte. Cuando salí del seminario, me fui a Granada con la intención de dar clases de religión allí para que pudiera estar más cerca de la mujer que actualmente es la madre de mis hijos. Pero el cura con quién quería enseñar religión quería otra cosa. La idea que tenía era que yo fuera casa por casa evangelizando, y yo le dije que no. Yo no hablo nunca de la religión porque creo que no hay que contar la religión, hay que vivirla. Ya que el mundo de fútbol había sido muy importante para mí en mi vida, empecé a ejercitarme jugando al fútbol con los niños y, casualmente, fui descubriendo mi vocación por los marginados, mi vocación por los niños, y la vocación de mi vida.

Yo lo tuve que hacer y lo sigo haciendo por necesidad. Necesito formarme; necesito aprender para dar un mejor servicio. Yo el año pasado tenía seis escuelas, en total unos 300 y pico de niños en sitios muy marginales. Yo creo que realmente la educación es lo que puede transformar la realidad de las personas, porque, independientemente de que sea creyente o no sea creyente, todo el mundo está de acuerdo en el mismo punto: el valor de la educación. En mi vocación, lo mas importante para los niños es que lo hago de una forma distendida. En la calle el niño está en su ambiente, en lo que más conoce. Allí, puedo crear un reflejo de la sociedad, donde hay reglas, con reglas en el campo de fútbol, e intento transmitir los valores humanos, como la libertad, la responsabilidad, la honradez, la alegría, estas cosas. Hay veces que la gente me confunde,  y piensan que lo que yo hago es distraer a los niños. Yo no distraigo a los niños; yo educo a los niños.

Aunque yo puedo ser afectado por los factores externos—puedo sentir miedo, puedo sentir vergüenza, puedo sentir muchas cosas—siempre he intentado desviar la mirada ante las cosas negativas. La mirada, en un momento, puede ser o positiva o negativa. O te inclinas por aquí, o te inclinas por allí, pero no hay término medio porque más temprano tienes que inclinarte. Cuando aprendes que tu mirada puede ser positiva, ¿qué ocurre? Todo entonces se transforma en positivo. La vida es así.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Reflejando, es difícil creer que yo pensara en asistir una universidad diferente. Después de una semana mi universidad, había encontrado algunas de las mejoras amigas que he tenido en toda mi vida. En teoría, tengo que pensar que sería tan feliz en otra escuela, pero es bastante difícil comprender cómo sería posible. No puedo imaginarme más contenta que yo estaba este día, acabando de regresar de un hogar y llegando en lo que obviamente es otro, un lugar donde sabía que las personas con quienes yo vivía siempre iban a estar en mi vida. Y aquí estoy, totalmente encantada con mi vida en Sevilla, uno de los lugares más bonitos del mundo, y todavía yo echo de menos mi universidad. Seguramente, he elegido la universidad correcta para mí.

Siempre he querido ser profesora. Pues, no siempre, exactamente. Decidí en mi segundo año de la escuela básica. Cuando llegue a la universidad, todavía estuve convencida que mi vocación fuera ser profesora, pero mi razón ha cambiado mucho. Antes, me sentía que yo disfrute enseñar más que todas otras opciones. Pero por el momento en que llegue en la universidad, había concluido que enseñar sería la manera mejor que yo pueda usar mis talentos y esfuerzos para mejorar el mundo. En el segundo año de la universidad, comencé a tener algunas dudas. Por años de leer sobre los problemas del sistema educacional en los Estados Unidos, empecé a preguntarme si enseñar puede ser una causa perdida, que la influencia que yo pueda tener dentro de un aula de clase sería completamente eclipsada por un sistema roto. Comencé pensar que, quizás, mi vida puede ser más útil si la pasara en un cubículo en Washington D.C. presionando reformas.

Fue en este momento que Allison me dijo su historia. Había asistido la universidad con Allison por dos años, pero después de mi segundo año, ella se graduó y salió para trabajar en el programa llamado “Teach for America” en Hollandale, Mississippi. Tuvimos una reunión al fin del verano, durante la que ella me dijo sus experiencias como profesora. Durante el verano, ella enseñó una clase correctiva de 22 estudiantes cuyas edades varían desde 7 hasta 10, pero todos estaban llegando a su segundo año de la escuela básica. Al comienzo de su clase, ninguno de los 22 estudiantes había llegado a la competencia de un estudiante del primer año. Otras personas que trabajaban en la escuela la dijo que ella no podía ayudar a un estudiante en particular, Cameron, debido a su historia de problemas de conducto y discapacidades. Allison no los creían; para ella, Cameron era un estudiante que podía hacer un gran cambio. Día tras día, incorporaba en sus lecciones y sus interacciones directamente con Cameron el concepto de autoestima. Lo desafiaba, y entonces lo hizo reconocer la belleza de lo que él había logrado. Al fin de sus seis semanas como profesora, todos los estudiantes tomaron una serie de exámenes para probar su progreso. Cuando regresaron los resultados, demostraron que Cameron había hecho tan bien que, si quisiera, podía ir a la clase del tercer año. Además, todos sus estudiantes, en el rato de seis semanas, habían avanzado desde un nivel más bajo que el primer año hasta un nivel del tercer año.

Cuando Allison estaba diciéndome sobre esta experiencia, fue difícil contener mi emoción. En su historia, yo vi la capacidad de hacer algo importante que una persona puede tener dentro de una clase. Me ha motivado a dedicarme otra vez a aprender a enseñar en una manera que va a ayudar todos mis estudiantes y que va a incorporar métodos no tradicionales para interesar e informar a todos tipos de alumnos. Ahora, puedo ver exactamente por qué he mantenido mi decisión de la escuela básica—que si yo puedo ofrecer a un niño, a una vida, una oportunidad que en otra situación no hubiera a tener, habré logrado algo de gran importantancia.